Los tipos de hambre que existen y cómo lidiar con ellos
“Nuestra alimentación es nutriemocional. La comida y nuestras emociones están íntimamente relacionadas, y esa relación se construye y moldea durante la infancia y en el ámbito familiar”, señala Miriam Salinas Gascón, psicoterapeuta especializada en ansiedad por la comida y alimentación desordenada.
“El hambre es más que ‘ganas y necesidad de comer’. Puede ser de distintos tipos, muchos de ellos emocionales”, señala.
Para explicarlo, Salinas describe su propio caso, señalando que la comida se convirtió en su mejor amiga durante una infancia marcada por la soledad, y la falta de límites y cercanía emocional en su familia, aportándole compañía, dándole placer inmediato y calmando la sensación de falta de pertenencia y vacío emocional que experimentaba en esa época.
“Lo mismo le sucedía a mi hermana. Obteníamos de la comida el confort que tanto necesitábamos y que no encontrábamos en los padres”, recuerda esta maestra en psicología positiva, chef de alimentación saludable y exdeportista de élite, que fue campeona de España en natación estilo mariposa.
El vínculo comida-emociones se crea en la infancia
Otro ejemplo del nexo nutriemocional consiste en que nos prohíban ciertos alimentos en la infancia, según Salinas.
Esa prohibición familiar conduce a que los niños sientan frustración y ansiedad, aprendan a comer por impulsos e ingieran un alimento en grandes cantidades al pensar que no estará siempre disponible, para después sentir culpa y vergüenza por ese comportamiento descontrolado, según explica.
“Los pensamientos negativos y moralistas sobre la comida, a los que contribuye la extendida cultura de la dieta, impiden al niño conectar con sus señales corporales de hambre, saciedad y placer y alcanzar la autorregulación, y hacen que inicie una relación disfuncional con la comida y con su cuerpo”, apunta.
“Con el paso del tiempo, aprendemos a gestionar los problemas y afrontar nuestra vida, alegrías, penas y vicisitudes, a través de la comida o la ausencia de la misma”, señala.
Advierte que, de esta manera, “entramos en un bucle donde empezamos a rechazar nuestra forma de comer y nuestro cuerpo; estamos atrapados, obsesionados y desnutridos; y no podemos sacar a la luz la fuerza que tenemos para crear, construir y vivir la vida que nos merecemos”.
Salinas ha creado un método para desprogramarse de los mandatos familiares sobre la alimentación que recibimos en nuestra infancia, aprender a regularnos emocionalmente y sanar nuestra relación con la comida.
Esta especialista ofrece en su libro Atrévete a comerte la vida recursos para detectar y evitar una relación problemática con la comida y consejos prácticos para sanar dicha relación si es perjudicial, a partir de su propia historia de superación personal y autodescubrimiento, que funciona como un espejo en el cual podemos vernos reflejados.
En esa obra explica cómo influyen en nuestra forma de alimentarnos nuestras tres partes o voces internas (‘la madre castigadora’, ‘el niño interior’ y ‘la madre tierna’) y cómo manejarlas de manera sanadora.
https://resources.diariolibre.com/images/2025/08/29/hambre-2-4beb001b.jpg
Como afrontar las ‘hambres’ más habituales
Salinas explica en su libro como identificar y desactivar los 10 tipos de hambre más comunes, y a continuación ofrece algunas claves y herramientas para afrontar y manejar los cinco tipos de hambre que con mayor frecuencia trata en su consulta y aborda durante sus ponencias y talleres de terapia nutriemocional.
En una entrevista con EFE, anima a que pongamos en práctica los siguientes consejos y exploremos las diferentes formas de nutrir cada uno de nuestros cinco “apetitos“.
“Recuerda que la alimentación saludable no se refiere solamente de lo que comemos, sino también de cómo nos relacionamos con la comida, con nuestro cuerpo y con la vida”, enfatiza.
1. Hambre de ser uno mismo
“Este tipo de apetito es una forma de decirte a ti mismo ‘¡Estoy aquí’!, es una manifestación de una necesidad fundamental que no puedes ignorar: la necesidad de ti mismo”, señala Salinas.
Esta terapeuta lo considera “el hambre de las hambres”, y explica que “se origina cuando te duele demasiado habitar tu cuerpo o sentir tus emociones”.
“Cuando sientas que te pierdes en el torbellino del día a día, en las expectativas ajenas o en tus exigencias internas, regresa a ti mismo. Crea en tu agenda `islas de reposo´: pequeños espacios y momentos de silencio donde puedas conectar con tu cuerpo, emociones y necesidades”.
“Apaga el móvil, cierra los ojos y respira profundamente. Pregúntate: ¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? ¿Qué necesito en este momento?”, recomienda.
2. Hambre de estar nutrido
“Esta clase de hambre está conectada con sensaciones fisiológicas y te comunica que necesitas nutrientes”, según Salinas.
“Dale a tu cuerpo ‘el combustible’ (alimentos) que necesita para funcionar correctamente; no te saltes comidas ni te restrinjas de forma severa; escucha las señales corporales de hambre y saciedad, y come de forma consciente, disfrutando de cada bocado y recordando que la comida no es solo energía, sino también placer y conexión con la vida”, recalca.
https://resources.diariolibre.com/images/2025/08/29/hambre-otra-9c83dc68.jpg
3. Hambre de reconectar con tu cuerpo
Este apetito “se manifiesta como las ganas de reconectar con el cuerpo a través del sueño, la erotización o el deseo sexual, la buena salud y el movimiento físico”, explica Salinas.
“Tu cuerpo es tu hogar, tu templo. Escúchalo, cuídalo y dale lo que necesita para sentirse bien. Duerme lo suficiente, explora tu sensualidad, muévete de forma placentera y disfruta del contacto con la naturaleza. Reconcíliate con tu cuerpo y celebra su sabiduría”, recomienda esta terapeuta.
4. Hambre de sensaciones placenteras
“El hambre de placer es la necesidad de sentirnos bien, de disfrutar y de experimentar emociones positivas, algo tan importante como cubrir las necesidades básicas, es decir, el hambre de comida o de seguridad” de acuerdo a Salinas.
“La vida no es solo deber y sacrificio. Date permiso para disfrutar de los pequeños placeres del día a día: un baño relajante, una buena conversación, un paseo al sol, la lectura de un libro que te inspire. Cultiva la alegría, la gratitud y el buen humor. Ríe, juega, baila, canta… ¡Vive con intensidad y pasión!”, señala
5. Hambre de expresar tus emociones
“Este apetito se refiere al anhelo de conectar con nuestras emociones, expresarlas y manejarlas”, señala Salinas.
“No te tragues las emociones. Exprésalas de forma saludable: habla con alguien de confianza, escribe un diario, dibuja, baila… Identifica las emociones en tu cuerpo y dales espacio para que fluyan. Aprende a gestionarlas con amor y comprensión, sin juzgarte ni reprimirte”, concluye.
(Texto: Pablo Gutman)
Te puede interesar
Si saboreamos lo que comemos, nos saciamos antes
“Nuestra alimentación es nutriemocional. La comida y nuestras emociones están íntimamente relacionadas, y esa relación se construye y moldea durante la infancia y en el ámbito familiar”, señala Miriam Salinas Gascón, psicoterapeuta especializada en ansiedad por la comida y alimentacióndesordenada.
“El hambre es más que ‘ganas y necesidad de comer’. Puede ser de distintos tipos, muchos de ellos emocionales”, señala.
Para explicarlo, Salinas describe su propio caso, señalando que la comida se convirtió en su mejor amiga durante una infancia marcada por la soledad, y la falta de límites y cercanía emocional en su familia, aportándole compañía, dándole placer inmediato y calmando la sensación de falta de pertenencia y vacío emocional que experimentaba en esa época.
“Lo mismo le sucedía a mi hermana. Obteníamos de la comida el confort que tanto necesitábamos y que no encontrábamos en los padres”, recuerda esta maestra en psicología positiva, chef de alimentación saludable y exdeportista de élite, que fue campeona de España en natación estilo mariposa.
El vínculo comida-emociones se crea en la infancia
Otro ejemplo del nexo nutriemocional consiste en que nos prohíban ciertos alimentos en la infancia, según Salinas.
Esa prohibición familiar conduce a que los niños sientan frustración y ansiedad, aprendan a comer por impulsos e ingieran un alimento en grandes cantidades al pensar que no estará siempre disponible, para después sentir culpa y vergüenza por ese comportamiento descontrolado, según explica.
“Los pensamientos negativos y moralistas sobre la comida, a los que contribuye la extendida cultura de la dieta, impiden al niño conectar con sus señales corporales de hambre, saciedad y placer y alcanzar la autorregulación, y hacen que inicie una relación disfuncional con la comida y con su cuerpo”, apunta.
“Con el paso del tiempo, aprendemos a gestionar los problemas y afrontar nuestra vida, alegrías, penas y vicisitudes, a través de la comida o la ausencia de la misma”, señala.
Advierte que, de esta manera, “entramos en un bucle donde empezamos a rechazar nuestra forma de comer y nuestro cuerpo; estamos atrapados, obsesionados y desnutridos; y no podemos sacar a la luz la fuerza que tenemos para crear, construir y vivir la vida que nos merecemos”.
Salinas ha creado un método para desprogramarse de los mandatos familiares sobre la alimentación que recibimos en nuestra infancia, aprender a regularnos emocionalmente y sanar nuestra relación con la comida.
Esta especialista ofrece en su libro Atrévete a comerte la vida recursos para detectar y evitar una relación problemática con la comida y consejos prácticos para sanar dicha relación si es perjudicial, a partir de su propia historia de superación personal y autodescubrimiento, que funciona como un espejo en el cual podemos vernos reflejados.
En esa obra explica cómo influyen en nuestra forma de alimentarnos nuestras tres partes o voces internas (‘la madre castigadora’, ‘el niño interior’ y ‘la madre tierna’) y cómo manejarlas de manera sanadora.
Salinas explica en su libro como identificar y desactivar los 10 tipos de hambre más comunes, y a continuación ofrece algunas claves y herramientas para afrontar y manejar los cinco tipos de hambre que con mayor frecuencia trata en su consulta y aborda durante sus ponencias y talleres de terapia nutriemocional.
En una entrevista con EFE, anima a que pongamos en práctica los siguientes consejos y exploremos las diferentes formas de nutrir cada uno de nuestros cinco “apetitos“.
“Recuerda que la alimentación saludable no se refiere solamente de lo que comemos, sino también de cómo nos relacionamos con la comida, con nuestro cuerpo y con la vida”, enfatiza.
1. Hambre de ser uno mismo
“Este tipo de apetito es una forma de decirte a ti mismo ‘¡Estoy aquí’!, es una manifestación de una necesidad fundamental que no puedes ignorar: la necesidad de ti mismo”, señala Salinas.
Esta terapeuta lo considera “el hambre de las hambres”, y explica que “se origina cuando te duele demasiado habitar tu cuerpo o sentir tus emociones”.
“Cuando sientas que te pierdes en el torbellino del día a día, en las expectativas ajenas o en tus exigencias internas, regresa a ti mismo. Crea en tu agenda `islas de reposo´: pequeños espacios y momentos de silencio donde puedas conectar con tu cuerpo, emociones y necesidades”.
“Apaga el móvil, cierra los ojos y respira profundamente. Pregúntate: ¿Cómo estoy? ¿Cómo me siento? ¿Qué necesito en este momento?”, recomienda.
2. Hambre de estar nutrido
“Esta clase de hambre está conectada con sensaciones fisiológicas y te comunica que necesitas nutrientes”, según Salinas.
“Dale a tu cuerpo ‘el combustible’ (alimentos) que necesita para funcionar correctamente; no te saltes comidas ni te restrinjas de forma severa; escucha las señales corporales de hambre y saciedad, y come de forma consciente, disfrutando de cada bocado y recordando que la comida no es solo energía, sino también placer y conexión con la vida”, recalca.
Este apetito “se manifiesta como las ganas de reconectar con el cuerpo a través del sueño, la erotización o el deseo sexual, la buena salud y el movimiento físico”, explica Salinas.
“Tu cuerpo es tu hogar, tu templo. Escúchalo, cuídalo y dale lo que necesita para sentirse bien. Duerme lo suficiente, explora tu sensualidad, muévete de forma placentera y disfruta del contacto con la naturaleza. Reconcíliate con tu cuerpo y celebra su sabiduría”, recomienda esta terapeuta.
4. Hambre de sensaciones placenteras
“El hambre de placer es la necesidad de sentirnos bien, de disfrutar y de experimentar emociones positivas, algo tan importante como cubrir las necesidades básicas, es decir, el hambre de comida o de seguridad” de acuerdo a Salinas.
“La vida no es solo deber y sacrificio. Date permiso para disfrutar de los pequeños placeres del día a día: un baño relajante, una buena conversación, un paseo al sol, la lectura de un libro que te inspire. Cultiva la alegría, la gratitud y el buen humor. Ríe, juega, baila, canta… ¡Vive con intensidad y pasión!”, señala
5. Hambre de expresar tus emociones
“Este apetito se refiere al anhelo de conectar con nuestras emociones, expresarlas y manejarlas”, señala Salinas.
“No te tragues las emociones. Exprésalas de forma saludable: habla con alguien de confianza, escribe un diario, dibuja, baila… Identifica las emociones en tu cuerpo y dales espacio para que fluyan. Aprende a gestionarlas con amor y comprensión, sin juzgarte ni reprimirte”, concluye.