
Fern Newball esquiva el calor pegada a la ventana sin cristales de una casa de pilones celestes y un balcón naranja desteñido por el salitre. Solo se moverá para merendar mangos. Es la vida en Providencia, la segunda isla en tamaño del Archipiélago del Caribe colombiano, a 1.300 kilómetros de Bogotá y apenas a 200 kilómetros de Nicaragua. Anclada a su verja —siempre abierta—, un cartel pintado a mano anuncia su oficio como costurera: “La aguja mágica”. A su lado, el afiche del candidato de ultraderecha, Abelardo de la Espriella, que pegó con cinta adhesiva hace unos días. Lo hizo después de que el esposo de su pastora adventista la convenciera de votar por él en los comicios del 31 de mayo con una promesa simple: “Acabar con la gaminería”.









