China ha desarrollado una IA capaz de coordinar drones con un objetivo muy concreto: matar a los enemigos con un acierto del 100%
El último Plan Quinquenal de China deja claro un objetivo a corto plazo: convertirse en la primera potencia mundial. Esto abarca numerosos ámbitos como el de la energía (tanto renovables como nucleares), el tecnológico con la IA, la robótica y el desarrollo de chips propios, la educación gracias a nuevas tecnologías y el militar. Curiosamente, todos están entrelazados y hay algo que lleva sonando un tiempo: el armamento futurista.
Como el resto de potencias, China no duda en mostrar su potencial militar, pero estos últimos meses estamos viendo que el discurso está centrado en unas capacidades que, hasta hace no tanto, parecían más propias del campo de la ciencia ficción. Lo último es una tecnología para que un enjambre de drones sean capaces de orquestarse de forma autónoma en el campo de batalla con un único objetivo.
Cazar y destruir a los enemigos hasta que no quede ni uno.
HG-STR. Bautizado como ‘Heterogeneus Graph Spation-Temporal Razoning’, o HG-STR, estamos hablando de un algoritmo que sería el cerebro de una flota de drones de ala fija que no necesitaría humanos para operar. Actualmente, la mayoría de las operaciones que involucran drones siguen requiriendo de un humano a los mandos (a veces, esos mandos son objetos tan cotidianos como una Steam Deck o el mando de Xbox). Sin embargo, el HG-STR supondría un cambio de paradigma.
Según una fuente no revelada por SCMP, esta tecnología abre las puertas a un futuro en el que los enjambres de drones podrían enviarse a un ambiente hostil de alto riesgo en el que no hay contacto con operarios humanos, pero sí una orden clara en la programación: acabar con todos los enemigos.
En Xataka
China está fabricando misiles a una velocidad sin precedentes. Y el objetivo final no es Taiwán, es otra isla a 3.000 km
Cambio de reglas. Actualmente, los modelos híbridos o “tradicionales” operan con una sola base de datos que une la información de aliados, enemigos y el terreno en el que operan. En diferentes ambientes cuando los drones operan de forma autónoma, esto crea confusión y por eso se necesita un humano tomando la orden final. Con este desarrollo, la cosa cambia.
El algoritmo tiene diferentes ‘apartados’ o buzones a los que manda la información que tiene que procesar. En lugar de operar con una única base de datos, toma decisiones en función de su un ‘objeto’ es amigo, enemigo o un área de búsqueda. En el caso de ser un aliado no hace nada; si es un área de búsqueda se esfuerza por dar con el enemigo; si es un enemigo, dispara.
Según uno de los autores del estudio publicado en la principal revista de aviación de China y revisado por pares, “esto permite que el enjambre entienda de forma instantánea a quién ayudar y a quién cazar. Esta adaptabilidad es importante porque los sistemas basados en reglas fallan cuando el enemigo no sigue lo previsto, mientras que HG-STR es capaz de adaptarse.
El Ejército chino tiene una nueva unidad: la “manada de lobos” robots con toda clase de armamento autónomo
Orden en el caos. Algo clave aquí es la velocidad. El investigador apunta que, cuando un dron está en combate, es demasiado lento en la toma de decisiones. “En el fragor de la batalla, tardan segundos en decidir, siendo un tiempo en el que un avión no tripulado puede volar casi 600 metros a ciegas, suponiendo un retraso fatal en la guerra electromagnética”. HG-STR, sin embargo, toma decisiones en apenas 6,6 milisegundos. Prácticamente en tiempo real.
Es ese caos donde el equipo de investigadores ha querido centrarse gracias a una solución interesante: dotar a cada dron de una “memoria”. Aunque haya un algoritmo central, si uno de los drones pierde contacto con sus compañeros, ‘tira’ de la memoria para recordar dónde estaban sus aliados antes de perder contacto y dónde vieron enemigos por última vez.
Una vez ordenadas esas prioridades, el dron busca su objetivo y entra en juego otra decisión: ¿ataco o sigo buscando? Hecho esto, elige un objetivo específico y, por último, decide cuánta munición necesita para abatirlo. En lugar de haber un conjunto de instrucciones generales, el software del dron divide los problemas por capas, evitando la saturación al tener que procesarlo todo a la vez.
“Mátalos a todos”. En el estudio se apunta que HG-STR es el primer algoritmo conocido capaz de lograr una tasa de muerte del 100% mientras opera de forma autónoma y lo suficientemente rápido como para poder reaccionar en tiempo real en las rápidas y cambiantes condiciones de un campo de guerra moderno.
Todo esto da miedo, pero lo más terrorífico es que, según los experimentos, los investigadores realizaron diferentes simulaciones en las que pusieron a prueba ese sistema autónomo. En escenarios complicados en los que limitaron los sistemas de comunicación, afirman que el algoritmo logró una tasa de muerte del 100% en objetivos enemigos, incluidos los ocultos a simple vista.
Ahora se centran en escalar el sistema, ya que se han dado cuenta de que el algoritmo se puede adaptar a otros contextos de campos de batalla más grandes, más objetivos y más drones de forma simultánea sin necesidad de realizar un nuevo entrenamiento de la IA.
En Xataka
Hemos enumerado todas las armas inéditas que ha presentado China en su desfile. El mensaje no deja dudas: van muy en serio
Contexto. Como digo, este estudio no llega en un vacío, sino en el contexto de la aceleración de China hacia la guerra autónoma con drones. Hace unos meses ya nos hicimos eco de la manda de “lobos” robóticos que ya estaban haciendo maniobras junto a soldados de carne y hueso, pero a lo largo de estos últimos dos años hemos asistido a otras demostraciones en las que soldados individuales pueden controlar un par de cientos de drones para que operen de forma autónoma, así como otro armamento robótico y hasta conceptos de ‘naves’ que parecen sacados de ‘Star Wars’.
Es, en definitiva, un paso más hacia lo que ya se conoce como la guerra sin intervención humana en la que las máquinas son las que toman las decisiones de forma independiente. Y, lejos de ser una iniciativa privada, este HG-STR ha sido financiado por la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China, lo que da una muestra de lo que decíamos al comienzo del artículo: dentro del Plan Quinquenal, todo está conectado.
Sólo imagina que las grandes potencias pusieran toda esta tecnología para cumplir otros objetivos humanitarios en lugar de para encontrar formas más eficientes y eficaces de acabar los unos con los otros.
En Xataka | China ha resucitado el concepto más extraño de la Guerra Fría: un avión, un barco y un lanzamisiles en una sola máquina
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China ha desarrollado una IA capaz de coordinar drones con un objetivo muy concreto: matar a los enemigos con un acierto del 100%
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Xataka
por
Alejandro Alcolea
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Como el resto de potencias, China no duda en mostrar su potencial militar, pero estos últimos meses estamos viendo que el discurso está centrado en unas capacidades que, hasta hace no tanto, parecían más propias del campo de la ciencia ficción. Lo último es una tecnología para que un enjambre de drones sean capaces de orquestarse de forma autónoma en el campo de batalla con un único objetivo.
Cazar y destruir a los enemigos hasta que no quede ni uno.
HG-STR. Bautizado como ‘Heterogeneus Graph Spation-Temporal Razoning’, o HG-STR, estamos hablando de un algoritmo que sería el cerebro de una flota de drones de ala fija que no necesitaría humanos para operar. Actualmente, la mayoría de las operaciones que involucran drones siguen requiriendo de un humano a los mandos (a veces, esos mandos son objetos tan cotidianos como una Steam Deck o el mando de Xbox). Sin embargo, el HG-STR supondría un cambio de paradigma.
Según una fuente no revelada por SCMP, esta tecnología abre las puertas a un futuro en el que los enjambres de drones podrían enviarse a un ambiente hostil de alto riesgo en el que no hay contacto con operarios humanos, pero sí una orden clara en la programación: acabar con todos los enemigos.
Cambio de reglas. Actualmente, los modelos híbridos o “tradicionales” operan con una sola base de datos que une la información de aliados, enemigos y el terreno en el que operan. En diferentes ambientes cuando los drones operan de forma autónoma, esto crea confusión y por eso se necesita un humano tomando la orden final. Con este desarrollo, la cosa cambia.
El algoritmo tiene diferentes ‘apartados’ o buzones a los que manda la información que tiene que procesar. En lugar de operar con una única base de datos, toma decisiones en función de su un ‘objeto’ es amigo, enemigo o un área de búsqueda. En el caso de ser un aliado no hace nada; si es un área de búsqueda se esfuerza por dar con el enemigo; si es un enemigo, dispara.
Según uno de los autores del estudio publicado en la principal revista de aviación de China y revisado por pares, “esto permite que el enjambre entienda de forma instantánea a quién ayudar y a quién cazar. Esta adaptabilidad es importante porque los sistemas basados en reglas fallan cuando el enemigo no sigue lo previsto, mientras que HG-STR es capaz de adaptarse.
Orden en el caos. Algo clave aquí es la velocidad. El investigador apunta que, cuando un dron está en combate, es demasiado lento en la toma de decisiones. “En el fragor de la batalla, tardan segundos en decidir, siendo un tiempo en el que un avión no tripulado puede volar casi 600 metros a ciegas, suponiendo un retraso fatal en la guerra electromagnética”. HG-STR, sin embargo, toma decisiones en apenas 6,6 milisegundos. Prácticamente en tiempo real.
Es ese caos donde el equipo de investigadores ha querido centrarse gracias a una solución interesante: dotar a cada dron de una “memoria”. Aunque haya un algoritmo central, si uno de los drones pierde contacto con sus compañeros, ‘tira’ de la memoria para recordar dónde estaban sus aliados antes de perder contacto y dónde vieron enemigos por última vez.
Una vez ordenadas esas prioridades, el dron busca su objetivo y entra en juego otra decisión: ¿ataco o sigo buscando? Hecho esto, elige un objetivo específico y, por último, decide cuánta munición necesita para abatirlo. En lugar de haber un conjunto de instrucciones generales, el software del dron divide los problemas por capas, evitando la saturación al tener que procesarlo todo a la vez.
“Mátalos a todos”. En el estudio se apunta que HG-STR es el primer algoritmo conocido capaz de lograr una tasa de muerte del 100% mientras opera de forma autónoma y lo suficientemente rápido como para poder reaccionar en tiempo real en las rápidas y cambiantes condiciones de un campo de guerra moderno.
Todo esto da miedo, pero lo más terrorífico es que, según los experimentos, los investigadores realizaron diferentes simulaciones en las que pusieron a prueba ese sistema autónomo. En escenarios complicados en los que limitaron los sistemas de comunicación, afirman que el algoritmo logró una tasa de muerte del 100% en objetivos enemigos, incluidos los ocultos a simple vista.
Ahora se centran en escalar el sistema, ya que se han dado cuenta de que el algoritmo se puede adaptar a otros contextos de campos de batalla más grandes, más objetivos y más drones de forma simultánea sin necesidad de realizar un nuevo entrenamiento de la IA.
Contexto. Como digo, este estudio no llega en un vacío, sino en el contexto de la aceleración de China hacia la guerra autónoma con drones. Hace unos meses ya nos hicimos eco de la manda de “lobos” robóticos que ya estaban haciendo maniobras junto a soldados de carne y hueso, pero a lo largo de estos últimos dos años hemos asistido a otras demostraciones en las que soldados individuales pueden controlar un par de cientos de drones para que operen de forma autónoma, así como otro armamento robótico y hasta conceptos de ‘naves’ que parecen sacados de ‘Star Wars’.
Es, en definitiva, un paso más hacia lo que ya se conoce como la guerra sin intervención humana en la que las máquinas son las que toman las decisiones de forma independiente. Y, lejos de ser una iniciativa privada, este HG-STR ha sido financiado por la Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China, lo que da una muestra de lo que decíamos al comienzo del artículo: dentro del Plan Quinquenal, todo está conectado.
Sólo imagina que las grandes potencias pusieran toda esta tecnología para cumplir otros objetivos humanitarios en lugar de para encontrar formas más eficientes y eficaces de acabar los unos con los otros.