Dependencia tecnológica: desafío en formación médica
Los estudiantes de medicina de hoy dedican solo el 13 % de su tiempo al contacto directo con los pacientes. Y a medida que el médico dedica menos tiempo al paciente, las habilidades básicas de atención disminuyen, se hacen malos diagnósticos y aumenta el costo de la atención médica.
Más de la mitad de los errores diagnósticos en pacientes ambulatorios se atribuyen a pobres historias clínicas y prácticas deficientes en la evaluación de los pacientes.
El poco contacto directo con el paciente contribuye a la disminución de la empatía por parte de los estudiantes de medicina y Residentes, aumento del estrés y debilitamiento de la relación médico-paciente. Y el poco tiempo que se le dedica en la consulta a los pobres y más débiles contribuye a perpetuar las desigualdades sociales.
Es necesario revertir estas tendencias y que los docentes en nuestras escuelas de medicina revitalicen la enseñanza y las prácticas de las habilidades clínicas en un entorno sanitario en el que la tecnología (muy necesaria) ocupe el lugar que realmente le corresponde.
¿Qué hacer?
Hacer entender al estudiante de medicina del siglo XXI y al residente en formación que no disponer del tiempo que cada paciente demanda y necesita de nosotros, disminuye el conocimiento y las habilidades clínicas.
Que la interacción con la tecnología de imágenes y la Inteligencia Artificial en la atención médica es complementaria y no sustituye necesariamente la observación clínica, las competencias adquiridas y las decisiones que debemos tomar.
Fomentar la empatía y la compasión que debe existir en la relación médico – paciente.
Que más allá de los diagnósticos, la atención al paciente al pie de su cama ayuda al docente y al médico en formación a modelar la interacción entre las personas, aumenta la satisfacción profesional y ayuda a disminuir las desigualdades en la atención sanitaria.
Estas estrategias no han sido asumidas por la mayoría de nuestros estudiantes y médicos residentes.
Las pruebas basadas en la tecnología han desplazado las competencias y destrezas clínicas del médico al diagnóstico en el laboratorio y en la sala de imágenes creando la falsa impresión de que lo que el médico ve, siente, oye y percibe tiene poca validez, para tener hoy profesionales que han perdido el sentido de la realidad al darles más tiempo, importancia y relevancia a la representación digital que a la persona real.
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Los estudiantes de medicina de hoy dedican solo el 13 % de su tiempo al contacto directo con los pacientes. Y a medida que el médico dedica menos tiempo al paciente, las habilidades básicas de atención disminuyen, se hacen malos diagnósticos y aumenta el costo de la atención médica.
Más de la mitad de los errores diagnósticos en pacientes ambulatorios se atribuyen a pobres historias clínicas y prácticas deficientes en la evaluación de los pacientes.
El poco contacto directo con el paciente contribuye a la disminución de la empatía por parte de los estudiantes de medicina y Residentes, aumento del estrés y debilitamiento de la relación médico-paciente. Y el poco tiempo que se le dedica en la consulta a los pobres y más débiles contribuye a perpetuar las desigualdades sociales.
Es necesario revertir estas tendencias y que los docentes en nuestras escuelas de medicina revitalicen la enseñanza y las prácticas de las habilidades clínicas en un entorno sanitario en el que la tecnología (muy necesaria) ocupe el lugar que realmente le corresponde.
¿Qué hacer?
Hacer entender al estudiante de medicina del siglo XXI y al residente en formación que no disponer del tiempo que cada paciente demanda y necesita de nosotros, disminuye el conocimiento y las habilidades clínicas.
Que la interacción con la tecnología de imágenes y la Inteligencia Artificial en la atención médica es complementaria y no sustituye necesariamente la observación clínica, las competencias adquiridas y las decisiones que debemos tomar.
Fomentar la empatía y la compasión que debe existir en la relación médico – paciente.
Que más allá de los diagnósticos, la atención al paciente al pie de su cama ayuda al docente y al médico en formación a modelar la interacción entre las personas, aumenta la satisfacción profesional y ayuda a disminuir las desigualdades en la atención sanitaria.
Estas estrategias no han sido asumidas por la mayoría de nuestros estudiantes y médicos residentes.
Las pruebas basadas en la tecnología han desplazado las competencias y destrezas clínicas del médico al diagnóstico en el laboratorio y en la sala de imágenes creando la falsa impresión de que lo que el médico ve, siente, oye y percibe tiene poca validez, para tener hoy profesionales que han perdido el sentido de la realidad al darles más tiempo, importancia y relevancia a la representación digital que a la persona real.