El hombre que halló una fortuna oculta en botes de Nesquik: «Me llaman coleccionistas del extranjero»

Como platos se le deberían poner los ojos a Antonio (Toño) Piñeiro cuando encontró los dos primeros botes de Nesquik escondidos en la casa que se compró en una aldea abandonada de Galicia, que pertenece al municipio de Sober (Lugo), y que restaura desde hace años. ¿Por qué?, se preguntarán ustedes. Porque ambos estaban repletos de centenares de billetes de las antiguas pesetas. Hasta cinco millones contenían. El hallazgo no trascendió a la esfera pública. La explicación es sencilla: el descubrimiento del botín se produjo antes del 30 de junio del 2021, última fecha en la que el Banco de España cambiaba todavía pesetas por euros.

Hace pocos días, sin embargo, y gracias a una exclusiva del diario gallego El Progreso, medio mundo pudo saber que a ese primer hallazgo le siguieron otros dos donde el afortunado de Toño se topó con cuatro botes más que escondían unos cuatro millones de pesetas. Pero, ¿por qué ahora sí ha trascendido? Porque ahora no los puede canjear, aunque lo intentó.

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Seguramente, Toño, natural de Sober pero residente en Vila-real, pensó que, ahora, hacer pública la buena nueva no le comportaría ningún peligro (difícilmente alguien podría estar tentado de arrebatarle un botín que no tiene casi valor alguno). Pero lo que no calculó fue la repercusión mediática. Sobrepasado por la atención que su historia ha despertado en los medios de comunicación, ha decidido desaparecer (al menos mediáticamente).

Dice sentir “rabia” por no poder cambiar los últimos cuatro millones que descubrió. Pero quizás ese dinero todavía tenga una salida, aunque no tan atractiva como a él le hubiera gustado. Pepe Cruz es diseñador y arquitecto, y lo es inspirado por su padre. Este último, en el año 1978, recibió el encargo del gobernador del Banco de España de crear los nuevos billetes que sustituyeran a los del franquismo. “Fue una serie de billetes muy revolucionaria para la época”, explica Pepe a La Vanguardia.

En busca de Toño

En su día, su padre compró billetes de las distintas cantidades para su archivo personal. “Ahora tendrían mucho valor numismático porque fueron los primeros en salir de la máquina”. Primero obtuvo ejemplares de 1.000 y 5.000 pesetas, y más tarde de 200, 500, 2.000 y 10.000. Pero un día les entraron a robar en el estudio y se quedaron sin ellos. Es por eso por lo que al conocer la noticia de Toño, a Pepe se le encendió la luz. Ahora pretende adquirir para su progenitor, que tiene 84 años, algunos de esos billetes.

Admite que no ha podido contactar con Toño aún. Quizás lo tenga difícil ahora, estando este último algo desaparecido. Pero asegura no tener prisa. Cuando pase algo de tiempo, lo intentará. No cree que el coste de los billetes sea alto. “Es muy raro que te vendan uno de 5.000 pesetas por más de 30 euros, que es el equivalente”. Matiza, sin embargo, que los de 1.000, que van más buscados, “valen bastante más de seis euros”. “Tiene que ver con el estado de conservación, con la numeración…”, añade.

Casi cuatro décadas de abandono

Subraya, no obstante, que su interés no es numismático, sino que lo que le atrae es su diseño. Habrá que ver si al final puede contactar con Toño y llegan a un acuerdo.

Este último, cuando se jubile, tiene la intención de volver a su tierra y pasar desapercibido en la casa que adquirió en A Pousada (así se llama la aldea) y que empezó a reformar -trabaja en la construcción- hace unos años, cuando el inmueble, del que descubrió su existencia por Facebook, llevaba casi cuatro décadas abandonado. Lee también

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Quizás ahora, después de que su historia se haya viralizado, le cueste algo más y exista el peligro de que su futura morada se convierta (esperemos que no por su bien) en un lugar de peregrinación para curiosos.

Pero que le quiten lo bailado. Los cinco millones que sí consiguió cambiar a euros los invirtió en la reforma de la finca, que va realizando cada vez que vuelve a su pueblo en periodos vacacionales. Le vinieron muy bien para restaurar el techo de la vivienda, según contó él mismo a El Progreso.

¿Práctica habitual?

El mismo diario explicó que la casa había pertenecido a Manuel do Xentes, un hombre que trabajaba en la fábrica de cerámica y ladrillos de San Pedro de Canabal –otra aldea de Sober-, que también era tratante de ganado y que murió sin herederos directos.

Al parecer, esto de esconder a buen recaudo dinero en efectivo en casa no es algo insólito en Galicia. Da fe de ello Anxo Lugilde, periodista gallego de La Vanguardia. Cuenta que, allá por el 2001, cuando La Voz de Galicia lo envió a Argentina para cubrir el corralito, se topó con muchos gallegos que habían podido salir airosos, al menos en los primeros momentos, de aquel cerrojazo  bancario. ¿Por qué? Porque guardaban en sus domicilios cantidades considerables de dinero en efectivo. “El problema es que a algunos de ellos se lo robaron más tarde”, lamenta.

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