En 1950, el célebre diplomático y estratega estadounidense George F. Kennan —recordado como el arquitecto de la llamada doctrina de la contención frente a la Unión Soviética— envió un memorándum al secretario de Estado con una advertencia cruda: Estados Unidos debía adoptar una postura mucho más dura frente a las regiones donde crecían simpatías comunistas. En particular, sostenía que Washington tenía que subrayar sin ambigüedades su condición de gran potencia, dejando en claro que necesitaba mucho menos a los países de América Latina que ellos a él. Y que, si no cooperaban, serían disciplinados. Con Donald Trump por segunda vez en la Casa Blanca, esa lógica de dominación y disciplina parece haber encontrado una nueva vida. Y, según advierte el sociólogo argentino especializado en relaciones internacionales Juan Gabriel Tokatlian, empieza a traducirse en avances concretos.





