Lothar Wieler, el científico que sacó a Alemania de la crisis del coronavirus

Cuando comenzaron a extenderse los casos de coronavirus en Alemania, Angela Merkel llamó a su despacho a Lothar Wieler, presidente del Instituto Robert Koch, que es la agencia del gobierno alemán para control y prevención de enfermedades. Apenas se conocían previamente y fue el comienzo de una larga y exigente relación laboral. Después de aquellas casi tres horas de reunión, Merkel se dirigió al pueblo alemán para comunicar, masticado y deglutido, todo lo que acababa de aprender. Y no se anduvo con rodeos. « El virus ya está aquí , no estamos inmunizados y no tenemos vacuna, así que entre el 60% y el 70% de los alemanes nos vamos a infectar«, dijo bien clarito. Otros jefes de gobierno europeos seguían quitando hierro al asunto y en España Fernando Simón aseguraba que «no habrá, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado». A toro pasado cobra aún más valor el papel desempeñado por Wieler, que recomendó al gobierno alemán aislar a las personas de riesgo y aconsejó al resto de la población reducir sus movimientos para ralentizar los contagios. A partir de ese día compareció semanalmente en rueda de prensa junto al ministro de Sanidad y no dudó en criticar delante de él y de las cámaras las decisiones políticas que no le parecían apropiadas, cimentando así una credibilidad que alentaba a su vez la responsabilidad ciudadano. Como hombre de ciencia, siempre ofreció evaluaciones objetivas, tanto sobre las políticas de Merkel como las de su sucesor, Scholz, y gestionó con templanza y atención las protestas de los antivacunas . Sus abiertas críticas a los políticos fueron motivo de tensiones, pero no se apartó de su línea clara cimentada en los datos. Ahora acaba de anunciar que deja su puesto al frente del Robert Koch « por voluntad propia « y los medios alemanes interpretan que »si Wieler deja el mando, es que de verdad ha terminado la pandemia«. Vida tranquila A pesar de su intensa presencia mediática desde el estallido de la pandemia, sabemos poco de su vida privada. Solo que vive en Berlín, que está casado y que tiene dos hijas adultas . Un amigo suyo revela que de niño hizo largos viajes en coche con su padre, por toda Alemania, y que dormían en graneros de los pueblos por los que pasaban. «Mi padre siempre me decía: debes dejarlo cuando sea más hermoso», ha recordado ahora en un comunicado. «Quiero volver a trabajar en el campo científico y académico, preferiblemente de una manera tranquila y objetiva». Antes de llegar al Robert Koch ya había lustrado una larga carrera de investigación y una reputación internacional nada despreciable. Ha sido miembro del One Health Global Leaders Group on Antimicrobial Resistance de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) desde 2020, además de miembro de la Comisión Lancet para las Amenazas Globales a la Salud del Siglo XXI. «Como presidente del Instituto Robert Koch, ha prestado servicios sobresalientes y duraderos al país», le ha despedido el ministro de Sanidad. Y ahora, a su 60 años, tiene por delante todo lo que se proponga.

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