Regresó el DR Jazz Festival, la fiesta mayor de Cabarete

Buika inmensa, Néstor Torres fabuloso, Sistema Temperado excelente, Joe & Mushy bien y Bonyé encendido, desbordaron de música Cabarete

Cuando Buika bajó del escenario, el público estaba en trance. Los 24 años de DR Jazz Festival, hechos al vapor, mejor no han podido ser. Fedujazz organiza esta fiesta cada año. Desde el 2019 no se hacía. Más de 2500 personas se dieron cita cada noche.

Primera noche: Joël & Mushy, dos hermanos haitianos, uno percusionista, cantante; el otro productor y pianista, dejaron buen sabor con Amelie; sus incursiones con el gagá jazzeado: Koté moum ya y Maskawon (el final), entre uno y otro San Melé, Ayizan, Malouk. A las congas, si bien juegan un rol más o menos aceptable, les falta energía y brillo para solos. Lo mejor son esas declaraciones de principios desde el gagá.

Rafelito Mirabal y Sistema Temperado abrieron con una obra compleja, llena de símbolos y donde el grupo demuestra su profundidad intelectual y la garantía de su versatilidad: Sextentidos. Hay en Rafelito una acometividad en un crescendo maravilloso. “Un honor”, habla Rafelito tras la ovación. “Fuimos fundadores de este festival”, recuerda y menciona a los miembros de la banda: Carlito Estrada (saxo), Cukín Curiel (batería), David Almengod (percusión), Hysdra Alvarez, en el bajo Kilvin Peña y brillante Iván Mirabal en la guitarra, quien algún día será el líder de Sistema Temperado. Y que hizo diálogos interesantes con Néstor Torres, entre flauta y guitarra.

Néstor Tórres y la flauta.

Néstor Torres trajo la flauta

Néstor Torres se unió a la banda el resto del concierto. Café cubano estuvo apoteósico. Byscaine. Luego hace de Alejandro Sanz Regálame la silla donde te esperé. “¡Qué honor, qué placer estar aquí, en el paraíso! Estamos haciendo historia juntos”, dijo. Estudio en samba, movió el escenario. Le siguió Destello de eternidad, El Dorado. Alfonsina y el mar, reflexiva, íntima, que viaja a un borbotón de música. Uno de los mejores temas de toda la noche, El Cadete e un tiguere. En Sol menor. Ovación. Su conocida pieza Pasion Fruit por primera vez con Rafelito Mirabal y Sistema Temperado, fue una versión limpísima. Finalizó con Tambora.

Buika y Bonyé

Buika había sorprendido en la mañana con una enjundiosa conferencia magistral para unos 200 niños de Fedujazz.

En la noche fue frutal, sensual, intensa, entregada, virtuosa en su técnica de echarse el público al bolsillo con una energía irrepetible. Tanto que María Elena Gratereau dijo a elCaribe al oído: “Sin que nadie se entere, para mí ha sido el mejor concierto en 24 años… y mira que por aquí han pasado grandes estrellas!”.

La noche de este sábado ha llovido un poco. Pero la noche sabe a Gloria. La cerró poniendo a bailar el Grupo Bonyé.

La magia sin embargo la ha dejado cuidadosamente colocada en el escenario Buika, entregada, con una energía que envolvió a las cerca de 2,500 personas asistentes.

Buika, presenta un formato inusitado para una voz única. Un canto africano a Eleggua. Luego No creas que porque canto. Dedica el concierto a María Elena Gautreau, presidenta del festival. Bebe algo, susurra. De la garganta rajada sube Sueño con ella. La gente corea. Trombón unísono. Improvisa. Canta Luz de luna, de Álvaro Carrillo. Niña de fuego, del 2009. Brujería. Dedica la canción a los hombres perros. El bajista por momentos hace el papel de piano. No hay nadie en el mundo. Coro absoluto. El trombón da guaguancó, gracias a Santiago Cañeras. Pide cajón “pequeñito”; quiere decir suave. Buika saca un chorro de voz. Es una ranchera y la armonía la va poniendo el bajo. No me vayas a olvidar de Osvaldo Farrés que popularizara Antonio Machín.

“En estos momentos tengo que reconocer que estoy en trance. Perdonadme porque soy muy libre; me siento muy conectada con todos aquí. Me habían contado que no tengo permiso que no es real que no puedes amar a una persona que no conoces”, confiesa. “Pero os quiero mucho”. Y cuenta que tenía jefes, discográficas y managers “y quisieron hundirme; vinieron ustedes y me rescatasteis otra vez. Vengo a daros las gracias, por cada vez que me habéis rescatado y darle las gracias a Dios porque tengo los jefes más guapo del mundo: ustedes”.

Arrancó Josué en el bajo. Jodida pero contenta contó con la auto invitación de David Almengod. Buika cantó Teatro, de Tite Curet Alonso. El bajo hace la armonía. Coro del público. Luego el trombón y el cajón lentísimo. Y su voz muy Lupe, pero buikiada. “Fíjate cómo es el tiempo, que vamos llegando al final”, advierte.

“Me siento muy bien aquí y no me quiero marchar”.

Se canta Santa Lucía, un tema que escuchaba de niña. “Dame otra cita/ vamos al parque…” debió haber pedido un tono más arriba. Se sentía muy en las graves. “Amada mía, Santa Lucía”.

Dedicó a todas las personas que como ella saben amar: Mi niña Lola. Y luego Yo me lo merezco.

Ñapa: “Desde que te fuiste, alguien quiso ocupar mi pobre corazón… no sé por qué y te perdona”. Ahí por encima de los aplausos, comenzó a capella. “Y fueron tus ojos dos luceros verdes de mayo para mí”. De Conchita Piquer “Ojitos verdes”.

La gente aplaudió hasta el delirio.

Pero después de ella, Bonyé encendió porque transmite la calidez de la familia, esa sensación de que aún hay bolsones gigantes donde viven el buen gusto, la buena música y los intérpretes genuinos.

Bonyé encendió. Tras un concierto tan maravilloso, intenso, energético y cálido como el de Buika. la gente echó a andar esa otra parte lúdica que es el baile. Caña brava, Carmen, Los saxofones, Bilongo, El guardia del arsenal, La foto, Ayer te llamé,El cuarto de Tula, Cascabel, Preparen candela, La salve y El africano.
Una despedida maravillosa.

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