Sin buscar cámaras, El Nagüero impulsa proyecto para cambiar vidas

Desde muy pequeño junto a sus cuatro hermanos, comandado por su padre, trabajaba en una parcela de arroz, a la que le dedicaba jornadas de más de ocho horas diarias, sumado a sus labores escolares y actividades en la iglesia, hicieron de Elvis Manuel de Jesús, artísticamente conocido como El Nagüero, un hombre de impresionantes valores.

Bajo perfil, “sin buscar cámaras”, y mucho menos publicitar la obra para beneficio propio, es la cabeza del proyecto de Las Casitas Naranjas, que junto a más de 30 personas se han empleado en solicitar ayuda, realizar un trabajo de logística, de construcción y arreglos de más de un centenar de viviendas a personas de escasos recursos.

El Nagüero, de 43 años, quien prefiere definirse como “un muchacho de parroquia”, dice que el único protagonista de este proyecto ha sido Dios, ya que cuando observa cómo inició esta misión, en medio de la pandemia, solo con la donación de alimentos, en su campo El Factor de Nagua, conociendo su historia de dónde salió y en lo que se ha convertido, asegura que sólo Dios es el responsable de todo lo que le colocado en sus manos para el bienestar de gente necesitada.

Trabaja para ayudar

Su trabajo parroquial y su conexión con Dios han sido las claves para llevar adelante el proyecto La Casitas Naranjas, que lidera El Nagüero y el que ha beneficiado a más de cien familias, tanto en el sector de Herrera, Haina, La Romana, La Vega, Nagua, Hato Mayor y en Santiago.

En medio de la pandemia del Covid, en 2020, a El Nagüero le preocupaba que en su campo, muchas familias estuvieran pasándolas mal, así que decidió tomar un dinero que tenía y comprar alimentos para donarlo.

Cuando Bolívar Valera conoce de sus intenciones hace un donativo de 50 mil pesos y le da la idea de que toque puertas de sus patrocinadores, se suman otras personas y logra entregar en El Factor de Nagua 900 mil pesos en comida durante diez días.

“Cuando regresé a Herrera la gente me abordó para que le ayudara y continué la obra, a través de la parroquia La Altagracia, consiguiendo ayuda de alimentos para la gente. En una oportunidad el pelotero Albert Pujols donó 700 mil pesos para la obra, y así se sumaron otras personas y empresas en la cooperación de alimentos. “Formamos un colectivo que trabajamos largas jornadas”.

Luego llega a El Nagüero el caso de una pareja de ancianos que tenían su casita en mal estado en Santiago, y junto a la fundación Jopéame y al colectivo lograron construirles la vivienda.

“Cuando vi que la vida de las personas cambiaba completamente, dándole dignidad con una mejor vivienda, le dije al equipo que esa sería nuestra misión, porque se lo que eso, y yo vengo de esa miseria también”, apunta.

Las casitas

Así que concluida la pandemia nace el proyecto “Las Casitas Naranjas”, basado en donaciones, transparentado hasta el último centavo y sin necesidad de publicitar. El colectivo lo compone un equipo de nueve personas responsables de buscar las donaciones y más de 30 en trabajo de logística, contabilidad y construcción.

“Es un efecto dominó mucha gente se ha sumado porque ha visto cómo hemos trabajado y han creído en nosotros. Al principio iniciamos construyendo las casitas desde cero y gastamos unos 500 mil pesos, pero nos dimos cuenta que se beneficiaba muchas más familias si las reparamos y solo se invertirán 100 mil en cada reparación”.

A las viviendas se les arregla el techo, baño, puertas, piso, ventanas y todo lo que requiera, al final se pintan de color naranja.

“Todos estamos trabajando con el mismo concepto, cuidamos la dignidad de la gente, no la exponemos, solo publicamos las casitas como las encontramos y como las devolvimos. Somos muy bajo perfil, nosotros no salimos en las fotos, ni hacemos videos entregando llaves y eso nos ha dado resultado porque hay mucha gente que quiere ayudar y que tampoco quiere ser publicitado.

En base a este trabajo El Nagüero ha recibido la propuesta de muchos políticos que buscan adherir sus nombres al proyecto, a lo que se ha negado rotundamente.

De dónde viene

El Nagüero es un reconocido humorista y escritor de rutinas para shows de humor, con un trabajo de una década en la radio y la televisión, actualmente es pieza esencial del programa radial “El Mañanero” (La Bakana 105.7) y “Más Roberto (Telesistema).

Nació en El Factor, de Nagua, provincia María Trinidad Sánchez, Elvis es el menor de cinco hermanos, todos varones. Su papá es propietario de una parcela de arroz y su madre trabajaba en un local de venta de comida.

Desde los siete años tuvo que levantarse muy temprano para ir a trabajar la tierra (7:30 am a 5:00 pm). Una labor no apta para niños, pero que en ese tiempo, en la década de los 80, lo natural era que los niños trabajaran junto a sus padres, sin importar el oficio, la inclemencia del tiempo y a veces ni siquiera la edad. “Si la gente supiera lo difícil que es cosechar el arroz ni el concón botaran.

En mi casa nosotros aprendimos a cosechar el arroz, a lavar, limpiar, cocinar y hacer todos los quehaceres de la casa, porque somos cinco varones y era lo que tocaba”, recuerda con cierto humor.

Su vida, además, estuvo marcada por el trabajo parroquial en la iglesia San Francisco de Así, en donde asistió desde muy niño, primero porque le gustaba la música y luego se involucró de tal manera, que en todos los lugares que ha vivido, a la semana de llegar ya es parte del coro de laiglesia del barrio.

“Mi mamá cantaba en el coro de la parroquia, además que junto a mi padre fueron del consejo del cursillo de cristiandad. Desde que tengo uso de razón siento inclinación por la música, aprendí a tocar guitarra y el piano, pero también tenía un deseo, que quemaba por dentro, de salir de mi campo y explorar el arte en la capital”.

Así que siendo adolescente comienza a ser parte del coro y a liderar los grupos juveniles de su parroquia.  Estando en la iglesia aún no había experimentado un real encuentro con Dios, hasta que se deja guiar por las hermanas misioneras del Sagrado Corazón de Jesús.

Creían que sería sacerdote

“Entonces mi entrega fue tal a la iglesia que la gente pensaba que yo iba a ser sacerdote porque vivía metido en la parroquia o en la casa de las misioneras. Ellas me enseñaron el camino y empecé a ver la iglesia con otro sentido y a conocer realmente a Dios, que cuando recorro mi vida veo siempre que ha estado acompañándome, y soy un vivo ejemplo de su grandeza, sin Dios nada de lo que he logrado hubiera sido posible”, asegura.

Así fueron pasando los años para Elvis, entre la siembra de arroz, la iglesia, sus estudios y el sueño de vivir en la capital. Era algo que conversaba con sus padres desde siempre, así que cuando lo decidió tuvo que esperar dos años hasta que llegara la oportunidad.

“En mi casa siempre hablaba del tema, mis padres sabían que mi mentalidad no era para vivir en el campo, yo sabía que allí no había oportunidad para mí. Yo tenía esa venita del arte y sabía que por alguna parte me iba a colar, pero lo último que pensé era en el humor”.

Así que finalizando el 1999, con 21 años, llegó, por fin, a la capital. Primero residió en Haina, luego en Los Ríos, hasta que ancló residencia en el sector de Buenos Aires de Herrera.

De inmediato empezó trabajando en la ebanistería, construcción, pintaba casas, hasta que consigue un trabajo en una empresa que le permite vivir con más dignidad.

“Fue difícil cuando llegué aquí, porque yo nunca había salido de mi casa, y mucho menos había venido a la capital y cuando me contaban que aquí la gente vivía en espacios tan pequeño no lo podía creer, yo que crecí en una casa que el patio grande, fue muy chocante para mí”, recuerda.

Otro aspecto que sorprendió al joven campesino era que la gente no se visitaba y vivían encerrados en sus casas. “Yo que crecí entre el coro de la iglesia, con mis amigos, era difícil aceptar que en la capital había lugares que yo no me podía ni parar”.

Deseó de trabajar en el arte

Pero nada de eso empañaba el deseo que tenía de trabajar en el arte, estaba consciente de que no sería fácil, pero estaba confiado de que algo pasaría, y esa confianza sólo la sostenía su fe en Dios.

“Luego trabajé en un sistema inmobiliario, en un departamento de digitación en la Suprema Corte de Justicia, y estando en esos trabajos normales, ahí es que empiezo a escuchar radio y no sabía que existían esos programas de humor”.

En 2001 llevaba siete meses escuchando el espacio “Con las Pilas Puestas”, en el que participaban Manolo Ozuna, Luis Manuel Aguiló e Idelsa Núñez, hasta que decidió llamar y convertirse en un interactivo esperado.

Es producto de estas llamadas telefónicas que, entonces, se le ocurre a Elvis ponerse el sobrenombre de “El Nagüero”. Es en este espacio en donde descubre que puede hacer reír a la gente a través de la radio y que puede explotar un potencial que, incluso, no sabía que poseía.

Logró tener un segmento en el programa desde su casa, hasta que se dio la oportunidad de sustituir a Manolo que se tomaría un mes para filmar una película.

“Todo fue muy bien, y entregué el puesto cuando regresó Manolo, unos meses después le pedí que me dieran la oportunidad y me integraron a un elenco de grandes ligas, un equipo que tenía una pegada extraordinaria en Perdone la hora”.

Con Manolo tiene la primera oportunidad en televisión tanto en Super Canal y en Telemicro, en donde comienza a escribir y también a actuar. Ya transitando por varias experiencias tiene la oportunidad de escribir humor para Bolívar Valera, Aquiles, Correa, Félix Tejada “Ñonguito” y Juan Carlos Pichardo.

“Yo no sabía que pagaban tan bien por escribir y es un talento que comencé a cultivar desde que me di cuenta que podía hacerlo y mejorarlo. Yo escribo mis rutinas para El Mañanero y para Más Roberto. Escribo para mis shows y escribo rutinas para otros talentos que me solicitan”.

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