Fitur solo es el inicio

2023 verá a la Ciudad de México convertirse en la capital de facto de la Hispanidad y de sus 600 millones de hispanohablantes. Y México en el país que regirá la segunda lengua o plataforma de pensamiento más habada del mundo. Tovar y de Teresa rescató en EL PEGASO (con mayúsculas) que desde la segunda mitad del siglo XVIII Madrid se agotaba como capital del Imperio, y que el futuro de la hispanidad debía despegar desde la Ciudad de México. 250 años después parece que la digitalización ha logrado una unidad cultural e idiomática (llamémosle reggeton, llamémosle cumbia, llamémosle García Márquez o Messi) que durante este tiempo o bien no tenía a cuerpos diplomáticos a la altura de esta misión o el mundo giró hacia unos ejes de desarrollo industrial donde los hispanos quedamos en desventaja productiva.

En estos tiempos pospandémicos donde se comienza a plantear los sistemas de producción que definirán el post-capitalismo es relevante que se analicen los efectos que esconde la industria turística. Bien por su efecto poblacional, que mueve la mayor masa de empleo en el país y pudiera compararse al impacto y unidad social que generaba la agricultura o las fábricas en épocas de la revolución mexicana o rusa hace 100 años.

Bien por su efecto en la balanza comercial a través de la captación de divisas y en la derrama económica de la inversión extranjera. Estados como Quintana Roo o países como Cuba o República Dominicana son claros ejemplos de la influencia de la industria en la gestión pública del estado.

Y por último la relevancia propagandística internacional a través de la venta de cultura o experiencias. Desde la democratización de la opinión digital como decisor de compra con Booking, Tripadvisor e Instagram durante los primeros 20 años del siglo XXI, la experiencia, se ha convertido en el elemento que mayor valor aporta en el producto turístico. La compra de cultura o identidad, es decir de información sobre tradiciones y estilos de vida ha sido y es, el caballo de Troya para que en 2021 el idioma español se haya convertido en el idioma más visitado del mundo. Un puesto que se consolidará año a año y empujó a México a superar la barrera de los 50 millones de turistas en 2022. Es decir, tenemos un Hollywood en 7 D, un metaverso sin pantalla o a los artesanos como influencers.

La semana pasada Madrid colgó el cartel de “No hay camas” para FITUR 2023, la más importante del mundo para el mercado de habla hispana que tendrá lugar en unos días. Tal vez Madrid se esté agotando de nuevo frente a la expectativa turística global hacia el mundo hispano y México deba volver a construir un PEGASO (en mayúsculas). Pero esta vez en cada una de las recepciones de sus hoteles, en las salas de sus museos y las cocinas de sus cantinas. Vive Madrid la época de mayor seseo de su historia, desde la industria inmobiliaria hasta la gastronómica, cada vez son más las decisiones que se toman al otro lado del Atlántico. Si NY substituyó a Londres como capital financiera sajona, ¿Por qué no habría de hacerlo la CDMX en la turística hispana?

Los diplomáticos que un día no pudieron darle a América para los americanos, evolucionan hoy a ser los profesionales del turismo que vestidos de embajadores morales, hacen el viaje a la inversa para promover misión de vender, divulgar y preservar la cultura que está emocionando al mundo.

Después de Madrid, viene ITB. ¿Quiubo Europa?

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